La isla Saona, que forma parte del Parque Nacional Cotubanamá de la República Dominicana, es un destino de ensueño para viajeros de todo el mundo. Conocida por sus aguas turquesas, sus playas de arena blanca y sus costas bordeadas de palmeras, suele aparecer en postales y anuncios de viajes. Pero más allá de la belleza y las excursiones, surge una pregunta habitual: ¿hay alguien viviendo realmente en la isla Saona?
La respuesta es sí: Saona no es solo una atracción turística, sino también el hogar de una pequeña comunidad. En este artículo, exploraremos quién vive allí, cómo es la vida y por qué la mayoría de los visitantes solo ven la isla durante el día.
Si te aventuras más allá de las famosas playas, encontrarás Mano Juan, el único pueblo habitado de la isla. Esta pequeña comunidad pesquera alberga a unos 300 residentes. La mayoría de las casas son coloridas estructuras de madera, y la vida transcurre a un ritmo mucho más lento que en el continente.
Solo se puede acceder a Mano Juan en barco, lo que significa que no hay carreteras ni coches en Saona. El aislamiento ha preservado su autenticidad: aquí no hay grandes complejos turísticos, supermercados ni locales de ocio nocturno. En cambio, los residentes se dedican a la pesca, la artesanía y las actividades relacionadas con el turismo para ganarse la vida.
La vida cotidiana en Mano Juan gira en torno al océano y los recursos naturales de la isla. La pesca sigue siendo la principal fuente de ingresos, y las familias transmiten este oficio de generación en generación. Algunos residentes también trabajan como capitanes de barco, guías o artesanos que venden recuerdos a los visitantes.
Dado que Saona forma parte de un parque nacional protegido, la comunidad sigue unas normas medioambientales estrictas. Por ejemplo, la construcción de nuevas estructuras está muy regulada y la pesca de determinadas especies está prohibida. Este equilibrio permite a los lugareños mantener su estilo de vida sin dañar el medio ambiente que atrae a tantos visitantes.
El turismo es esencial para la economía de Saona, pero se gestiona de forma diferente a otros destinos dominicanos. En lugar de alojar a los turistas en hoteles, Saona recibe principalmente a visitantes de un día procedentes de Bayahibe o Punta Cana.
Las familias locales pueden regentar pequeños restaurantes o vender joyas artesanales a los viajeros que se detienen en Mano Juan. Algunas excursiones incluyen un breve recorrido por el pueblo, lo que permite a los visitantes hacerse una idea de la vida en la isla. Sin embargo, estas visitas son breves y respetuosas, ya que Mano Juan sigue siendo una comunidad funcional, no una exposición turística.
Los visitantes de Mano Juan suelen sorprenderse por su sencillez. Prepárate para ver caminos de arena en lugar de calles pavimentadas, casas pintadas de colores vivos y rostros amables que te dan la bienvenida. Hay una pequeña escuela, un puesto de salud y un proyecto de conservación de tortugas marinas que atrae a los viajeros concienciados con el medio ambiente.
La vida aquí es tranquila, pero también aislada. Los suministros, como productos frescos, combustible y artículos médicos, deben traerse desde el continente en barco. Esta lejanía es parte del encanto de Saona, pero también significa que los residentes deben ser ingeniosos y autosuficientes.
La electricidad en Saona es limitada. Muchas casas dependen de paneles solares o pequeños generadores para obtener energía, y la electricidad no está disponible las 24 horas del día. El acceso a Internet es mínimo, aunque algunos residentes utilizan datos móviles.
Esta falta de conectividad constante crea un estilo de vida muy diferente al de los bulliciosos centros turísticos del continente. Para muchos, es un descanso refrescante del acelerado mundo moderno, pero también explica por qué las estancias turísticas prolongadas son poco frecuentes.
Sí, los residentes de Mano Juan viven permanentemente en la isla de Saona y duermen allí todo el año. Sin embargo, para los turistas, pasar la noche no es habitual. La isla carece de hoteles o de una infraestructura turística desarrollada, y el alojamiento es muy limitado.
En ocasiones se pueden organizar estancias muy rústicas, pero son poco frecuentes y no forman parte de las excursiones organizadas habituales. Para la mayoría de los visitantes, la mejor forma de disfrutar de Saona es en una excursión de un día, regresando al continente a última hora de la tarde después de disfrutar de sus impresionantes playas y su ambiente relajado.
Entonces, ¿hay alguien que viva en la isla Saona? Por supuesto: unas 300 personas tienen su hogar en el pueblo de Mano Juan, donde llevan una vida tranquila y autosuficiente, lejos del bullicio del continente.
Para los viajeros, Saona es una excursión inolvidable en la que se puede contemplar tanto la impresionante belleza natural como el encanto de una pequeña comunidad isleña. Aunque los turistas no suelen pasar la noche allí, la experiencia de visitarla ofrece una visión poco común de un estilo de vida moldeado por el mar Caribe, los esfuerzos de conservación y un espíritu comunitario muy unido.
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