Santo Domingo se conoce oficialmente como la “Ciudad Primada de América”, un título que sorprende a muchos visitantes que llegan pensando en playas y no en historia colonial. La afirmación es cierta, pero merece matizarse: no fue el primer asentamiento europeo en el continente, sino el primero que logró sobrevivir, consolidarse y mantenerse habitado de forma ininterrumpida hasta hoy. Esa diferencia —entre “primero” y “primero que perduró”— es la clave para entender por qué la ciudad ostenta este título.
En 1493, durante su segundo viaje, Cristóbal Colón fundó el primer asentamiento español en La Española: La Isabela, en la costa norte de la isla. Fue el primer intento organizado de colonia europea permanente en América, pero el proyecto fracasó rápidamente por enfermedades, hambre y conflictos con la población indígena. En pocos años, La Isabela quedó abandonada, y hoy solo quedan ruinas arqueológicas del que fue el primer intento real de ciudad europea en el continente.
Tres años después, en 1496, Bartolomé Colón —hermano menor de Cristóbal— fundó un nuevo asentamiento en la desembocadura del río Ozama, en la costa sur de la isla, bautizado inicialmente como Nueva Isabela en honor a la reina Isabel la Católica. A diferencia de La Isabela, este nuevo emplazamiento sí prosperó, y con el tiempo pasó a llamarse Santo Domingo de Guzmán, en homenaje al fundador de la Orden de los Dominicos.
En 1502, un huracán destruyó buena parte de la ciudad original, situada en la orilla oriental del Ozama. El gobernador Nicolás de Ovando aprovechó la reconstrucción para trasladar la ciudad a la orilla occidental del río, donde se encuentra hoy la Zona Colonial. Este segundo emplazamiento, planificado desde cero con un trazado en cuadrícula, es el que ha perdurado hasta la actualidad sin interrupción — razón por la cual se considera a Santo Domingo el asentamiento europeo permanentemente ocupado más antiguo de América.
El reconocimiento de Santo Domingo como primera ciudad de América no se basa únicamente en la fecha de fundación, sino en una larga lista de “primeras veces” institucionales que tuvieron lugar allí, y que sentaron las bases del desarrollo colonial en todo el continente:
Fue también la primera sede del gobierno colonial de la Corona de Castilla en el Nuevo Mundo, lo que convirtió a la ciudad en el centro administrativo, religioso y militar desde el que se organizaron muchas de las expediciones posteriores hacia Cuba, Puerto Rico, Jamaica y el resto del continente.
Gran parte de ese trazado original de calles y edificios sigue en pie en lo que hoy se conoce como la Zona Colonial, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990. Pasear por sus calles empedradas —Catedral, Fortaleza, universidad, antiguas casas coloniales— equivale, en cierto sentido, a caminar por el primer plano urbano trazado por europeos en América, el mismo modelo de cuadrícula que después se replicaría en gran parte de las ciudades coloniales del continente.
Es habitual encontrar fuentes que dan fechas distintas para la fundación de la ciudad —1496 o 1498— lo que genera cierto debate incluso entre historiadores dominicanos. La mayoría de los registros sitúan la fundación original de Nueva Isabela en agosto de 1496, aunque algunas fuentes citan 1498 como la fecha en que el asentamiento adquirió un carácter más formal. En cualquier caso, ambas fechas se refieren al emplazamiento original en la orilla oriental del río, anterior al traslado de 1502 que dio origen a la ciudad tal como existe hoy.
El título de “primera ciudad de América” que lleva Santo Domingo no responde tanto a haber llegado primero, sino a haber sido la primera en consolidarse, sobrevivir y sentar allí las instituciones —hospital, universidad, catedral, fortaleza— que después se replicarían en el resto del continente. Es una historia de reconstrucción tanto como de fundación: la ciudad que conocemos hoy nació, en cierto modo, de las ruinas de un huracán y de un intento colonial anterior que no logró sobrevivir.
Para quienes se alojan en la zona de Bayahibe, La Romana o Punta Cana —el mismo territorio donde opera Quetzal Excursions con sus salidas en catamarán y en buggy— esta ciudad fundacional se encuentra a poco menos de dos horas y media por carretera, lo que la convierte en una de las pocas excursiones de la región capaces de combinar playa y varios siglos de historia colonial en un mismo viaje.
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